La teoría cuántica explicada a los niños
Publicado el 27 Diciembre 2011
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Llegadas estas fechas, me congratulo de recomendarles el libro La puerta de los tres cerrojos, reactualización cuántica de Alicia en el país de las Maravillas, escrito por Sònia Fernández-Vidal (Barcelona, 1978) y publicado este 2011, como el regalo de Reyes ideal.
Se trata de una historia en la que, en un lenguaje muy comunicativo, la autora explica las bases de la teoría cuántica a través de las aventuras de Niko, un joven de 14 años que se introduce en un mundo fantástico regido por las leyes del universo microscópico.
Curiosamente, la teoría cuántica está de moda en la literatura española, a veces, como en todas las modas, de forma gratuita, especialmente en el ámbito de la crítica. Situémonos: en su ensayo sobre series televisivas, Teleshakespeare (2011), Jorge Carrión utilizaba el término ficción cuántica a partir de los universos paralelos (o multiversos) y la teoría de observables de la mecánica cuántica. Para ello se apoyaba en dos libros de popularización de la ciencia: El universo elegante (1999) de Brian Green y Muchos mundos en uno (2006) de Alex Vilenkin. Productos ambos de lo que se ha dado en denominar Tercera Cultura. Tal vez Carrión debería haber especificado que la teoría de los multiversos es una de las muchas interpretaciones de la mecánica cuántica, que no la única. Y que los argumentos que usa son más propios de la astrofísica de partículas que de la mecánica cuántica. Sin embargo, tras leer Los muertos, a nadie se le escapa que, además de las series de televisión, los universos paralelos son parte fundamental de su poética. En este sentido debe entenderse el uso que hace de la teoría cuántica. En su caso, circunscribe su curiosidad por las ideas científicas a su proyecto narrativo. Pero es indudable el esfuerzo por imbricarlas entre sus intereses de forma coherente.
Curiosamente, en un artículo aparecido el pasado 30 de noviembre en el suplemento culturas de La Vanguardia sobre series de televisión, Juan Trejo analizaba el ensayo de Carrión. La reseña llevaba por título «La pequeña pantalla se ha hecho grande». Allí, aludiendo a la ficción cuántica, el autor afirmaba que la naturaleza cuántica es tal en las ficciones televisivas porque: “se estructuran formando una red que tiende a expandirse, no solo en lo que se refiere a su organización interna, sino disparándose al exterior. Por otra, el hecho de que sea precisamente la mirada del espectador lo que dé sentido a esa red, porque hoy en día el espectador de series es testigo y a un tiempo partícipe inexcusable de la creación de significado que desea imponer dicha red de ficciones”. Es más, el autor llegaba a afirmar que eso era lo que Carrión entendía por ficción cuántica. Solo en el párrafo siguiente, y a modo de consecuencia lógica del planteamiento citado, se hablaba de la interpretación de los universos paralelos en la mecánica cuántica, invirtiendo el orden expositivo del ensayista (lo cual no deja de ser cuántico, pero distorsiona completamente la analogía).
Lo cierto es que, tras releer la cita de Trejo, uno queda fuera de juego. Tal vez comprenda a la perfección la teoría estética de Carrión. Sin embargo, la mecánica cuántica no parece entenderla muy bien. Lo de los observables lo intuye. Pero lo de una red que se expande hacia el exterior y la interpretación cuántica de los multiversos poco tienen que ver. Flaco favor pues para los postulados del autor y sus esfuerzos por asimilar lo cuántico en su teoría. Algo que podría alejar al público aficionado a la ciencia de Teleshakespeare sin quererlo Carrión.
Puestos a utilizar símiles científicos, a Trejo (que le traiciona su falta de curiosidad) le hubiera ido mejor con la teoría de redes o la astrofísica teórica, no con la teoría cuántica. Curiosamente, se trata de algunos de los campos derivados de la evolución de la mecánica cuántica durante la segunda mitad del siglo XX. Porque, como muy bien indica Fernández Mallo en Postpoesía (2009), la física cuántica forma parte de la física moderna. Y, para entendernos, la física moderna sería a la historia de la ciencia, lo que el modernismo a la historia de la literatura. La mecánica cuántica tendría un gran paralelismo con el flujo de conciencia modernista en su búsqueda de una realidad microscópica que el ojo no ve.
Al tratar de adivinar las causas de este desfase entre el ensayo y su asimilación, y visto que autores como Juan Francisco Ferré, Óscar Gual, Vicente Luis Mora, Javier Moreno, Miguel Serrano, Germán Sierra o el propio Carrión sí aprovechan la ciencia y su propia curiosidad para escribir de una forma rigurosa, se me antoja que el problema radica en la falta de cultura científica de algunos de esos escritores que utilizan lo cuántico de forma frívola.
Parece que las generaciones venideras van a tener más suerte con La puerta de los tres cerrojos. No en vano, Fernández-Vidal es doctora en física y desarrolló una importante labor divulgadora entre los visitantes no científicos del CERN. Y eso se nota en todas las páginas de un libro que ilustra, educa, divierte, y no trata lo cuántico en vano.
Carlos Gámez
Tras la quimera de la ciencia en la literatura
Publicado el 28 Noviembre 2011
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No, no se asusten por la portada del último ejemplar de Quimera. Se trata de un homenaje a la biografía de Messi que pronto va a salir publicada y nada más. De lo que de verdad trata el número de noviembre de esta revista literaria, entre otras cosas, es de la relación entre la ciencia y la literatura a partir de un excelente dossier dirigido por el escritor y matemático Javier Moreno (de quién ya analizamos su anterior novela, Click). En el texto introductorio, Moreno intenta huir de los espacios comunes entre ciencia y literatura que han tenido lugar en los últimos tiempos en distintos ámbitos literarios, también en la narrativa española peninsular. Él aboga por una interacción más allá del uso vacío de las formas científicas para lo escrito. Pretende un diálogo entre iguales (la ciencia y la literatura) tal como lo postulara Roland Barthes en 1967. Y a fe que los artículos que acompañan esta introducción abordan ese intercambio: un escrito de Jimena Prieto sobre el doctor y poeta Gottfried Benn; otro de Forrest Gardner acerca de las siempre fecundas relaciones entre ciencia y poesía en el ámbito de la creación que encuentran su complemento en el texto posterior de Germán Sierra, quizá el mejor (aunque aquí temo que mi admiración por el escritor gallego me impida una total objetividad), que indaga en el uso de la experimentación en ese intercambio para acabar planteándonos un horizonte futuro más sugerente, donde ciencia y literatura se practiquen con miras más amplias; y para finalizar, un muy interesante artículo de Marta del Pozo, que ya realizara otras investigaciones sobre la interacción entre ciencia y literatura en la poesía española, lástima que no vaya un paso más adelante y prefiera transitar alguno de esos lugares comunes como son el caos y la incertidumbre. En definitiva, temas casi tan interesantes como la plástica de los goles de Messi tratados con rigor.
Quedan pocos días para finalizar el mes de noviembre. Les recomiendo ir a su quiosco más cercano a buscar el último número de Quimera antes de que aparezca el siguiente y sea demasiado tarde.
Carlos Gámez.
La ciencia-ficción como drama
Publicado el 12 Noviembre 2011
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Que la ciencia-ficción ha dejado de ser un género menor es algo que se sabe desde hace tiempo. Concretamente, desde que las tramas de este tipo de novelas se alejaron de un futuro idílico y maravilloso en donde las máquinas y el progreso iban a dotarnos de una felicidad completa. H. G. Wells se encargó de ponernos en nuestro sitio ya en la época victoriana. Pero cuando la psicología del ser humano entró a formar parte del argumento, la cosa dio una considerable vuelta de tuerca. Nos enfrentábamos a un futuro en el que los contextos tecnológico y ambiental cambiaban y, sin embargo, el drama interior del hombre seguía siendo el mismo. La esencia humana no podía librarse de sus propias carencias.
De ese tipo de limitaciones sabía bastante Stanislaw Lem (a partir de ahora, el maestro Lem), como deja claro en Solaris, su obra cumbre, al introducir como protagonista principal de la novela a un astropsicólogo: Kris Kelvin. Un psicólogo especializado en la influencia del cosmos en la psique humana que tratará de solventar los problemas de la tripulación de una estación orbital en torno al que parece ser un planeta vivo, Solaris (el otro protagonista), en lo que podría ser el primer contacto de la humanidad con otros seres vivos del universo. Ahí es nada.
Tras un argumento propio de la ciencia-ficción se oculta un análisis de la imperfección del alma humana a través de sus sueños y sus fantasías. Como si William Faulkner, en vez de escribir novelas policíacas, hubiera narrado ciencia-ficción. A fin de cuentas, si no existe un progreso moral, la narrativa de Faulkner puede utlizarse para escribir una obra de ciencia-ficción, pues los problemas del ser humano siguen siendo los mismos. Y eso que el papel de la ciencia en el libro es importante, no solo por nombres como el de Kelvin, sino también por la utilización de experimentos cruciales para hacer avanzar la trama. Pero muy especialmente, por la estructura de la Solarística (la ciencia que estudia el planeta Solaris), una metáfora del funcionamiento de la ciencia, con su forma de acumular conocimiento (a veces absurda e improductiva) y el exceso de hipótesis que compiten por explicar lo mismo y que en la novela no permiten solucionar los problemas. Una ciencia que, como el narrador explica, acaba degenerando en otra cosa.
Este libro, obra del maestro Lem, excelsamente cuidado en su traducción y edición por parte de la Editorial Impedimente (incluido el diseño, que no se circunscribe solo a la vistosa portada, sino a la sobreportada que le acompaña en un concepto más global de diseño), es un texto precursor del enfrentamiento del hombre con lo inhumano (y lo poshumano, por tanto). Una perspectiva superior para imaginar lo universal. Todo ello narrado con un estilo visual y detallado, algo muy loable cuando se describen espacios fantásticos.
Carlos Gámez.
Dos libros clásicos para descargar: cien años de soledad y el árbol de la ciencia
Publicado el 11 Noviembre 2011
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Tanto el árbol de la ciencia de Pío Baroja como cien años de soledad de Gabriel García Márquez te los puedes descargar en el enlace y además podrás encontrar algunas guías de lectura que pueden ayudarte en el seguimiento de algunos de sus temas principales. Son dos libros que habitualmente se prescriben en los planes de estudio tanto del bachillerato como de la universidad. Son dos grandes obras. Una del comienzo del siglo XX la otra, cien años de soledad, es una novela que marcó toda una época y que se sumó al éxito de muchas otras de escritores hipanoamericanos y que en su conjunto se conocieron como el boom de la literatura hispanoamericana. Eran los años 60 y 70.
Disfruta de ambas en tu ebook.
‘El libro de los amores ridículos’
Publicado el 24 Octubre 2011
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Milan Kundera publicó ‘El libro de los amores ridículos’ en el año 1968. Pero este libro, es fruto del trabajo de varios años. El escritor comenzó a escribirlo en el año 1959. Es uno de los primeros libros de su carrera y el único de ‘relatos’. Está compuesto por siete relatos, todos tienen en común las historias de amor, pero con situaciones singulares narradas con humor negro. Las acciones se desarrollan en Praga o en ciudades cercanas.
‘Nadie se va a reír’, es el nombre del primer relato. Un profesor de universidad y temido crítico de estudios científicos, se niega a realizar la crítica de un informe de un señor, para no herir su sensibilidad. Finalmente, las mentiras para evadirlo, llevarán al profesor a mil aventuras y problemas. Uno de ellos, perder a la mujer que quiere.
‘La dorada manzana del eterno deseo’. Dos amigos suelen quedar para mantener aventuras con mujeres. Uno de ellos, es casado, pero es incapaz de ser infiel a su mujer por lo que será el cebo para que su amigo consiga chicas. Relato de encuentros con finales frustrantes.
‘El falso autostop’. Una joven pareja inicia sus vacaciones. Deciden jugar a ser extraños que se encuentran en la carrera, para despertar el deseo, entre ambos, antes de llegar al hotel donde pasarán su estancia. El juego les lleva a descubrir facetas desconocidas y a pensar que realmente sí son, dos extraños.
‘Symposion’ y ‘El doctor Havel al cabo de veinte años’. Estos relatos tienen en común al doctor Havel. El primero se desarrolla en un hospital, muestra la relación de los médicos y sus juegos amorosos. El segundo, el protagonista es el doctor Havel, que se encuentra en una clínica de reposo para descansar. El tiempo ha pasado por el médico, que se da cuenta que no tiene el mismo poder de seducción con las mujeres. La situación cambia cuando todo el mundo conoce a su joven y guapa mujer, bastantes años más joven que él.
‘Que los muertos viejos dejen sitio a los muertos jóvenes’. Un encuentro por casualidad, después de muchos años sin verse. Un hombre se encuentra con la mujer que fue su primer amor, una mujer que le doblaba la edad. Deciden romper el hielo, dejar a un lado los prejuicios y disfrutar del reencuentro.
‘Eduard y Dios’. Último relato de ‘El libro de los amores ridículos’. Mezcla el amor con la religión, Eduard defiende unos valores con los que no se identifica pero lo hace por la mujer a la que ama.
“El amor, por definición, es un regalo no merecido”
Este libro es para todos aquellos lectores, que nos les guste las historias de amor edulcoradas. Frases muy largas, pero bien escritas que no hacen que los relatos resulten pesados. Hay pocos diálogos pero las sensaciones de los protagonistas están muy bien narradas…lo que provoca que nos identifiquemos con los sentimientos de los personajes.
(‘El libro de los amores ridículos’. Milan Kundera. Tusquets Editores. 7.95€)
Emilia Chacón Morales // Twitter: @EmiliaChacon
De la libertad, la ciencia y el canon
Publicado el 15 Octubre 2011
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Acaba de aparecer la traducción al castellano (Salamandra) de la última novela de Jonathan Franzen (Western Springs, 1959), Libertad (del original Freedom) y ha vuelto a reactivarse el ya manido debate acerca del canon, de cuáles deben ser las obras centrales de este y si el éxito de público conlleva acarreado entrar por la puerta grande de ese canon. Son varias las reseñas elogiosas de la novela que parecen dar el visto bueno a Libertad para que acceda al altar de las grandes novelas del siglo XXI y al reducido listado de títulos definidos con el tag “Gran novela americana”. Sin embargo, también han aparecido los reseñistas que consideran que pese a ser Freedom una novela excelente, no alcanza el nivel de calidad que se exige a las que componen el polémico canon.
Parece que la posmodernidad y sus postulados estéticos poco a poco van quedando atrás. También parece que hay un cierto gusto por retornar a formas narrativas que daba la impresión que estaban superadas en los momentos más histéricos del posmodernismo. Esta tendencia ya se observó con la concesión del premio Nobel del año pasado a Vargas Llosa, ferviente defensor del realismo decimonónico pese a sus inicios vanguardistas. Y este aliento estético es el que empuja la obra de Franzen.
Curiosamente, lo que se suele desfasar más pronto en una obra literaria clásica es la visión conceptual que subyace de la poética del autor. Vamos, el punto de vista del mundo que este compartía con sus contemporáneos. Así, las descripciones, los versos, las imágenes y el poético lenguaje utilizado en La Ilíada nos siguen arrebatando hoy igual que lo hicieron con los primeros lectores de ese gran poema épico. Nos choca, sin embargo, esa epistemología de los dioses del Olimpo, hacedores del destino, que el lector debe truncar en figura poética para seguir adelante en la lectura (ya Virgilio se tuvo que enfrentar a ese dilema). En este sentido, aunque Franzen no es la primera vez que utiliza modelos narrativos propios de la literatura del siglo XIX, en una obra tan lograda como Las correciones (2001) su episteme sale muy bien parada por el uso adecuado de elementos propios de la ciencia. Solo después de la década de los años 90 se puede entender a un narrador que se permita narrar en tercera persona los estados de ánimo de uno de los personajes a partir de su química cerebral y que además, utilice este recurso como un sarcasmo del lenguaje científico. De esta forma, una narración que parecía clásica se convierte en algo sumamente contemporáneo. De recursos como este adolece por momentos Libertad. Y eso que la lógica del narrador omnisciente queda notablemente bien justificada (reactualizada) con el excelente recurso de la biografía en tercera persona de Patty, uno de los tres vértices de la historia, verdadera narradora de la novela junto a sus vecinos, que describen a la perfección la vida de los Berlung, la familia protagonista, como si de un cuento de John Cheever se tratara. Pero aparte de esos pilares expresivos, Franzen trabaja esta vez mucho más cerca de los postulados que utilizara Tólstoi para componer sus grandes novelas. De ahí la dificultad del autor en introducir el argumento científico por excelencia en Libertad: los problemas medio ambientales y los derivados de la superpoblación. Como si fuera el conde ruso en Guerra y paz, prepara al lector para el momento central de la novela citando precisamente ese gran texto del XIX. Sale bien parado del intento. No en vano, Franzen es un maestro al introducir tramas complejas que simulen el funcionamiento del mundo en sus novelas. Ya lo hizo con gran maestría en las relaciones entre enfermedades neurodegenerativas y economía financiera en Las correcciones. Aquí el cóctel lo conforman los combustibles fósiles, la guerra de Irak, las reservas naturales y las especies en vías de extinción. Todos temas de la más rabiosa actualidad. Es en este tipo de engranajes de fino ensamblaje donde aparece la influencia de su pasado como investigador científico en Harvard. Y también el legado del Don DeLillo de Submundo, no en vano, son varios los críticos que han comparado ambas novelas.
Sin embargo, Franzen se aleja del posmodernismo. Eso no es malo (para el firmante de este post, al menos, no lo es). Lo peligroso es que el autor no arriesgue más en una novela por otro lado magnífica. A fin de cuentas, el gran Tólstoi (en quien se puede comparar por el excelente uso que Franzen hace de la escena en la narración) no fue solo un escritor realista, también fue el precursor del flujo de conciencia (técnica nada realista, como Joyce pusiera en evidencia). Lo peligroso es que un autor tan autoexigente como Franzen (a veces difícil de leer por no dar concesiones como comentaba Javier Avilés al reseñar Las correcciones) esté demasiado interesado por llegar a todo el mundo y no por crear diferentes niveles de lectura para abarcar distintos tipos de público. Es cierto que el texto encierra un mensaje de esperanza hacia la sociedad americana, pero un lector no avezado lo puede confundir con otra cosa. Y resulta peliagudo que esta novela pueda a veces leerse como una del siglo XIX y no como una del XXI que reactualiza las técnicas del realismo como a veces sí sucede (por suerte).
Carlos Gámez
‘El coronel Chabert’
Publicado el 11 Octubre 2011
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‘El coronel Chabert’, fue escrito por Honoré de Balzac, uno de los novelistas franceses más importantes del S.XIX, en el año 1835. Esta historia se enmarcaría dentro de la ‘novela realista’, relato de sucesos sencillos que ocurrían en aquella época. Lo bueno de estas historias es que utilizan un lenguaje simple que hace ágil su lectura.
La historia se desarrolla en Paris y su protagonista es el coronel Chabert, un hombre valiente que luchó junto a Napoleón y fue dado por muerto en su última batalla, la batalla de Eylau en 1807, donde se enfrentaban los franceses contra los rusos.
El conorel Chabert logra vivir porque un matrimonio de campesinos lo acoge en su casa y lo cuidan hasta que se recupera. Una vez restablecido decide volver a Paris para recuperar su vida. Al volver, nadie lo reconoce porque su aspecto físico produce repugnancia y miedo entre sus conocidos.
Chabert sufre un duro golpe cuando se entera que su mujer se ha vuelto a casar con un conde, el conde de Ferraud y que ha tenido dos hijos, lo que él no pudo darle cuando estaban casados. El libro comienza con la visita del coronel a un despacho de abogados para conseguir que su mujer reconozca que está vivo y le devuelva también toda su fortuna.
Uno de los abogados consigue mediar y logra que el matrimonio se reencuentre después de tanto tiempo. La condesa se aprovecha de la bondad de su primer marido y le hace chantaje emocional para conseguir que el coronel no intente recuperar su verdadera identidad y ponga en peligro su segundo matrimonio. Finalmente, logra triunfar la maldad de la condesa y el pobre coronel renuncia a su vida, posiblemente por amor a la que fue su mujer.
Una bonita historia para leer en una tranquila tarde de otoño. Con un lenguaje sencillo y con muchos diálogos cortitos, Balzac narra con maestría y sencillez los sentimientos del coronel Chabert, lo que hace que el lector se encariñe con el personaje y se indigne por su final.
(‘El coronel Chabert’. Honore de Balzac. Funambulista. 11€)
Emilia Chacón Morales // Twitter: @EmiliaChacon
‘La novia de papá’
Publicado el 9 Octubre 2011
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‘La novia de papá’ es el primer libro de la periodista Paloma Bravo. El nombre del libro también es el nombre del blog en el que la periodista escribe en El País. Es un libro con una historia sencilla, para pasar el rato y no tener que pensar. Un lenguaje simple con muchos diálogos que hacen ágil la lectura.
Sol es una mujer joven que se enamora de Pablo, unos cuantos años mayor que ella, divorciado y padre de dos niñas, Eva y Teresa. La pareja decide irse a vivir juntos, y Sol se tendrá que enfrentar a los obstáculos que las hijas de su pareja le pondrán. También, a la ex mujer de Pablo, que hace acto de presencia con llamadas, para no ponerle las cosas nada fácil. Pablo comparte la custodia con su ex mujer, por lo que Sol convive y se tendrá que hacerse cargo de las niñas los días que estén en su casa. Llevarlas al colegio cuando su chico se queda dormido, la primera depilación, los primeros novios, las fiestas de cumpleaños… todo contado con humor.
El libro está narrado en primera persona por Sol, que cuenta situaciones graciosas y también su propia desesperación al comprobar que la intimidad dentro de su casa desaparece y el peso de la responsabilidad. Aunque, cuando los diablillos de Eva y Teresa, están en casa de su madre, las extraña.
Quien no queda en muy buen lugar es Pablo. Típico hombre español que deja en manos de su pareja todas las responsabilidades, aunque no le correspondan, sin tener ningún tipo de remordimiento.
‘La novia de papá’ refleja un tipo de familia que va en aumento en la sociedad que vivimos. Muchos hombres y mujeres divorciados, con niños y que vuelven a rehacer sus vidas. La novela es entretenida por los toques de humor, pero se va desinflando por las situaciones evidentes y un edulcorado final.
(‘La novia de papá’. Paloma Bravo. Debolsillo. 7.95€)
Emilia Chacón Morales // Twitter: @EmiliaChacon
El País del Dinero, Pedro Ugarte, premio Logroño de novela
Publicado el 9 Octubre 2011
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Ya tengo ganas de ver en las librerías y de tener en mis manos el último premio Logroño de novela que lleva el título “El país del dinero” escrito por Pedro Ugarte, escritor bilbaíno. Por lo visto el boom inmobiliario es el motor de esta trama, el boom inmobiliario ya vivido y que ya ha explotado y que ya estamos viendo cómo está yéndonos a todos juntos tanto si participamos en su momento de él como si fuimos simples espectadores. Los recortes en estos momentos nos vienen a todos. Unos son desalojados de sus casas por impago y aún una vez perdida la vivienda la siguen debiendo al banco, otros que no arriesgaron tanto padecen recortes en sus salarios, otros que tenían un negocio y querían vivir trabajando en él han tenido que cerrarlo, … No sé si la novela será tan cruda como la vida o quizás más. La realidad se revela siempre más cruel que la posible imaginación que podamos tener. Pedro Ugarte es economista y eso promete profundidad y conocimiento del tema. El dilema desde mi punto de vista puede ser este: ¿Reflejará la novela la vida tal y como la vivimos? Miedo me da pensar que pueda igualarla. Los telediarios nos asoman diariamente a realidades impensables, por lo dramáticas.
Se me olvidaba. Pedro Ugarte es bilbaíno, sí, y de ascendencia riojana por parte de madre y un buen conocedor de las tierras con nombre de vino que son las de La Rioja. En su último relato la acción está ubicada en una de las aldeas de Ezcaray, en Ayabarrena. También siento curiosidad por leerlo.
¿Qué puede hacer un escritor europeo?
Publicado el 5 Octubre 2011
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“Empieza a ser peligroso dejar Europa en manos de políticos, economistas y banqueros. Muy peligroso”. Con esta frase inicia el periodista Claudi Pérez un interesante reportaje sobre la crisis que azota a la Unión Europea. La sentencia es del insigne escritor John Banville (el gran estilista como recuerda Javier Aparicio que inician los reseñistas de medio mundo los artículos sobre sus libros). No es de extrañar que Banville esté preocupado por el futuro de Europa. No en vano, en muchos de sus libros se habla del espíritu que forjó esa Europa, ahora en decadencia (ahí está su trilogía sobre algunos de los hombres que participaron de la revolución científica: Copérnico, Kepler y Newton). Desgraciadamente, lo que está sucediendo con los estados europeos y su lucha por no ser controlados por las corporaciones es menos de la novela histórica y más del ciberpunk de William Gibson. Parce que la ciencia ficción distópica predijo el presente mientras la novela histórica se adormecía en los laureles de un pasado glorioso que a día de hoy no sirve para nada. Sin ir más lejos, el relato de J. G. Ballard, “Días maravillosos”, incluido en la colección de relatos Mitos del futuro próximo, datado en 1982, es una disección perfecta del colapso económico de la Unión Europea.
Qué le queda al escritor del Viejo Continente ante esa tesitura. Desde luego no callarse, tal como hace Banville con su comentario, no vaya a suceder que al escritor europeo le pase como a Stefan Zweig (y eso que él no cayó), otro europeo ilustre que acabó amargado recordando las luces de su Austria Imperial hasta suicidarse en Brasil (un símil perfecto del fin de otra época). Pero tampoco escribir al dictado de los grupos de presión, ni alinearse con las protestas sin ese espíritu crítico que siempre ha caracterizado a la creación literaria.
Carlos Gámez.
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