LA HERENCIA DE PETER PAN

Publicado el 24 November 2012
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Que el peterpanismo, ese afán de los adultos en no madurar nunca, es una de las tendencias que dominan nuestra sociedad resulta un lugar común entre los analistas contemporáneos. Para qué nos vamos a extender en este aspecto si todo el mundo habla a día de hoy de una sociedad que no quiere crecer y que pretende vivir en una eterna adolescencia.

Sin embargo, cuando Rodrigo Fresán escribe Jardines de Kensington, entre marzo de 2000 y julio de 2003, la cosa no era tan evidente. Por aquella época se hablaba más de George W. Bush, del 11-S y del choque de civilizaciones. Pero Fresán no. Fresán se sumerge en una narración exquisitamente bien trabada. En ella somos testigos en paralelo de la vida y obra de James Mathew Barrie, creador de Peter Pan, y de la vida del narrador, testigo directo de los Sweet Sixties y fan declarado de la inmortal creación de Barrie. Una investigación hacia las raíces de nuestra infantilizada sociedad, y a la vez un ensayo sobre las razones de la decadencia del Imperio Británico. Un texto muy ambicioso y muy bien resuelto.

Que el pop de los años sesenta es una de las referencias fundamentales de Fresán es algo sabido. Pero no una posible admiración por Peter Pan. Si hacemos caso de las pistas que el escritor da al final de libro, se encontró el tema por casualidad al ver un programa de televisión, sin ser un peterpaniano declarado (lo que dice mucho de su olfato para encontrar un tema universal y a la vez contemporáneo como es el infantilismo y el trauma que subyace en ello). En realidad, de forma muy sutil, el libro está dedicado a Marcus Merlin, trasunto de Roberto Bolaño, fallecido poco antes del final de la redacción del libro. Marcus Merlin es otra variante del Martín Mantra de Mantra, novela de Fresán escrita en paralelo a Jardines de Kensington. Todo un juego metaliterario debajo de ese análisis del infantilismo.

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