Dos colosos para una dama

Publicado el 27 February 2011
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Hace poco me propuse leer dos libros al mismo tiempo, sí, porque eran dos obras especiales y quería contrastar los resultados de esa experiencia, al menos así lo consideré. Sus autores son dos colosos, dos grandes de la escritura, distintos, cada uno con sus peculiaridades y su forma de plasmar la vida, aunque quizás no tan distantes. El sueño del celta del escritor Mario Vargas Llosa (Alfaguara, 2010), me sorprendió, teniendo en cuenta que sigo la obra del Nobel desde hace muchos años y curiosamente en este libro no le reconocí, no parecía que hubiera sido su mano la que lo hubiera escrito, me costaba descubrirlo entre unos textos que, en algunas ocasiones, resultaba difícil distinguir entre novela o ensayo, pero intuyo que así son los genios. Excelente historia  (biografía novelada) de un luchador por la libertad, de un inconformista, amante de los perros, aventurero, valiente, dual y curioso como fue Roger Casement, defensor de una Irlanda sufridora. Especialmente recomendables las páginas de la obra situadas en el Congo, país al que quizás nos resistimos a mirar de frente y que se convirtió en la época de Casement (albores del siglo XX) en el feudo privado de un rey déspota, tirano y esquilmador, llamado Leopoldo de Bélgica, cuya política Roger nunca se cansaría de denunciar.

Respecto al otro compañero de mis horas de lectura, se trata de El cementerio de Praga de Umberto Eco (Lumen, 2010). Corrosivo y polémico, como hacía tiempo que no lo era, a Eco, sin embargo, sí le he reconocido, es el mismo autor de textos complejos y extremadamente enraizados y cultos que siempre me cautiva, porque le considero casi un mago de la palabra, un malabarista de la prosa, una prosa que utiliza para decirnos, al menos así yo lo he entendido, que cuando alguien siniestro -como el perverso y loco Simonini, falsificador de textos- se perpetúa en el tiempo y en el espacio, se acaba convirtiendo en un arma que puede transformar algo inocuo en dañino. Eco habla del poder destructivo de la maldad, de las injurias, de las calumnias y de los odios que, sin solución de continuidad, no llevan sino al enfrentamiento, haciendo verdad la mentira,  mentiras que afectan a hombres, religiones, políticas, ideologías, grupos, sociedades, pueblos o naciones. Era un deber, sí, me las impuse, eran dos obras que tenía que leer, por devoción y obligación, por afición y curiosidad, por hábito y manía, por deleite y conocimiento, porque me intrigaban y quería que me enseñaran y lo han hecho, en el fondo las dos mostrándome lo mismo, que el bien y el mal han existido siempre y sólo de los hombres depende que predomine uno sobre el otro. Agradezco a los dos maestros que me hayan llevado, por tanto, a la misma conclusión siendo, como son, tan distintos ¿o quizás son tan iguales?.

Fátima Hernández Martín

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