“El Gabinete de las maravillas” (Mateo-Sagasta, Ediciones B), extraño coleccionismo allá por el XVII

Publicado el 13 August 2010
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Me gusta leer los premios apartados, denomino así aquellos que siendo de gran calidad no tienen una repercusión -tan importante- como otros que llevan inherentes operaciones publicitarias intensas y extensas. Los encuentro, por lo general, discretamente reseñados en revistas o periódicos o bien los descubro una tarde en que decido hacer una incursión “gentil” en algunas de mis librerías favoritas. La novela que les propongo ahora es encuadrable en este tipo. Su autor, Alfonso Mateo-Sagasta, experto en Historia Antigua y Medieval ya nos dejó buen sabor de boca con una obra de buena aceptación El olor de las especias (Ediciones B), a la que siguió Ladrones de tinta (Ediciones B) que obtuvo varios galardones. Ahora Mateo-Sagasta nos lleva al siglo XVII, nos adentra en un misterio que tiene lugar en un palacete madrileño, en concreto en el extraño Gabinete o Studiolo que posee el marqués de Hornacho, un extravagante coleccionista de todo tipo de curiosidades (colmillos de elefante, cuadros, animales disecados, monedas, libros raros, ídolos del Nuevo Mundo, armas o amuletos) que le son enviadas desde todos los rincones, gabinetes y bibliotecas del mundo. Pero, el afán coleccionista del marqués va más allá y oculta “ciertas aficiones” a las que es asiduo. Cuando su archivero (un hombre con un deforme cuerno o excrecencia en la frente) aparece asesinado, se desata una trama que nos llevará a querer averiguar qué esconde ese extraño Museo, localizado en un ala alejada y oculta del palacio. Mateo-Sagasta utiliza un lenguaje fluido y cuidado, prosa rítmica con notas de humor, detalles costumbristas intramuros de la época y gesta una intriga que va creciendo con el avance de las páginas, haciendo la novela especialmente recomendable y disfrutable. Ganadora de un Premio Espartaco, El Gabinete de las maravillas (Ediciones B, 2009), nos descubre el ambiente de superstición y obsesión que reinaba en algunos de los núcleos de coleccionismo y saber, habituales entre la nobleza y la aristocracia de aquel momento.

Entren señores en el siniestro gabinete y comprendan qué ha sucedido. Madrid, en el Año del Señor de 1614

Fátima Hernández

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