“El gendarme” de M.T. Mustian (La esfera de los libros, 2010)

Publicado el 8 December 2010
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No sé realmente qué me incitó leer esta novela, de reciente aparición, ambientada en el atroz genocidio que -a principios del siglo XX- casi aniquiló al pueblo armenio. Me resultaba intrigante y quise conocer cómo un autor era capaz de desarrollar una trama novelada en el contexto de un acontecimiento -tan dramático- del que los escritores no son dados a narrar historias. ¿Qué puedo decirles acerca de la obra? quizás que me gustó, tal vez que me sorprendió, en especial por la dulzura y el cuidado inesperado que emana de la prosa en la mitad de la obra (la que hace referencia al pasado, a los recuerdos), mientras que en la otra parte, ambientada en la actualidad y que se alterna -de manera consecutiva- con la primera mostrando los avatares de un anciano que se debate entre la vida, la muerte y la indiferencia de sus hijos, se aprecia una carencia de ese lirismo ¿a propósito?. En síntesis, Ahmet es uno de los gendarmes encargados de custodiar y trasladar a un grupo de deportados desde Turquía hasta Alepo (Siria) durante el genocidio. Un traslado -a través del desierto- duro, sin contemplaciones, con plétora de violaciones nocturnas a niñas y jóvenes para saciar los deseos de los captores, humillaciones constantes, hambre galopante, frío delirante, castigos cruentos, enfermedad lacerante o muerte. Hombres, mujeres, niños y ancianos son sólo números cuya dramática rebaja –diaria- aligera de quebraderos de cabeza a los encargados de dicho traslado. Las vicisitudes durante el tránsito por el paraje inhóspito y agreste del desierto hasta llegar a Alepo y la vida cotidiana en dicha ciudad para los escasos supervivientes, son sólo la excusa para describir una historia de amor –extraña, pura, tierna, sincera- entre este gendarme y la joven armenia de nombre Araxie, etérea y bella, cuyos ojos lo hechizan de por vida. Su preocupación por buscarla, que sobreviva, su deseo de que no sufra o enferme, llevan a este hombre a arriesgar su vida y exponerse casi a la muerte (por traicionar una orden), e incluso a vender –dolorosamente- a su caballo (a Gece, fiel compañero de siempre) para obtener dinero y comprarle comida. Alepo a principios del siglo XX, con sus callejuelas, mercados o cabarets; el poco valor de la vida en época de guerra, el trasiego de refugiados, la lealtad y la traición, la venganza de algunos, la envidia de otros, el precio que hay que pagar por sobrevivir, la miseria en las casas…se muestran de manera clara y fluida. La otra parte de la novela situada en la actualidad -en Estados Unidos-, y que se desarrolla sobre todo en los hospitales, donde Ahmet -ya un anciano, llamado Emmett Conn- agoniza y recuerda, rescatando la relación con su hija… quizás podría encontrarse en cualquier texto de novela actual. Con un final inesperado, es la historia de unos recuerdos, bellos pero tristes, que se mezclan con un presente que habla de abandono, nostalgia y arrepentimiento. Pero también, de lo que pudo haber sido o fue en realidad. Lo mejor, las reflexiones que, fuera de obra, hace el autor en las últimas páginas del libro, en concreto desde la 345 a la 350, relatándonos cómo él recorre la misma ruta, haciendo su homenaje personal a las víctimas que allí se quedaron. Dichas reflexiones son breves y escuetas, pero certeras, y hablan de la guerra y sus víctimas inocentes, de los odios que se perpetúan entre pueblos, que se eternizan y al final se materializan sobre inocentes, a los que hacen pagar un alto precio, y que nunca deben ser responsabilizados de las contiendas, ni de las políticas de sus dirigentes. No sé qué opinarán otros lectores de este libro, de su prosa o su estilo, pero El gendarme ha hecho algo que me apasiona en una obra: enseñarme más sobre un tema que me intriga, al tiempo que me lleva a reflexionar en profundidad y en silencio. Señores, ha valido la pena soñar los recuerdos de un hombre que vivió el amor, no en la guerra como pudiera pensarse, sino a pesar de la misma…

Fátima Hernández Martín

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