El Premio Nacional de las Letras para Castellet

Publicado el 28 November 2010
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Hace unos días nos enteramos de que el Premio Nacional de las Letras 2010 recaía en el editor, escritor y ensayista Josep Maria Castellet. Quiero creer que por una vez este galardón pretende premiar la trayectoria de un hombre que ha hecho mucho no sólo por las letras castellanas y catalanas, sino por el entendimiento cultural entre ambas en una época de continuas fricciones por causas supuestamente lingüísticas.

El próximo domingo se conocerán los resultados de las elecciones a la Generalitat de Catalunya. Una legislatura más el conflicto lingüístico formará parte de las agendas políticas, de la misma forma en que lo hizo en la campaña electoral y en la pasada legislatura. Una vez más, los políticos, tanto de Madrid como de Barcelona, serán incapaces de asimilar lo que sí hacen buena parte de los escritores contemporáneos.

Así, ignorarán a esa nueva generación de narradores que transitan del catalán al castellano desde ambos lados del supuesto conflicto sin el mínimo prejuicio. Como Lolita Bosch, que es capaz de escribir sus obras de ficción tanto en castellano como en catalán (cabe decir que Bosch lo hace influida por la literatura de México, donde residió durante años), o Jordi Puntí y su laureada novela, Maletes perdudes/Maletas perdidas. También ningunearán a excelentes autores catalanes que se dejan influir por otras formas de vida peninsulares, como Julià de Jòdar y esas voces de la emigración que aparecen en sus novelas, o Roser Caminals y su última novela, Cinc-cents bars i una llibreria, o el libro de relatos de Víctor García Tur, Twistanschauung. Sólo recordarán la excelente salud de un género como el cuento en catalán cuando necesiten llevar escritores a una feria literaria para hacer política (obviarán, por supuesto, que la temática de esos relatos no es local, sino universal, y que algunos de esos escritores son bilingües sin más prejuicio). Mientras tanto, desde Madrid ignorarán ese castellano catalanizado propio de los emigrantes que utiliza Juan Marsé en sus novelas, las voces catalanas de las novelas de Cercas, la catalanidad de Vila-Matas y sus opiniones cuando afirma que no le importa la independencia de Catalunya siempre que le dejen seguir escribiendo en castellano. Ningunearán también la literatura catalana que se escribe en Valencia y Mallorca, o la que se escribe en México. Serán incapaces de leer sin traducir toda esa obra que he referido al inicio del párrafo porque es tan difícil leer en catalán, aunque sea en la intimidad. Pero pondrán el grito en el cielo a la menor señal que les haga pensar que el castellano está discriminado en Catalunya.

En definitiva, los políticos perpetuarán una vez más un conflicto con unos intereses que se contabilizan en forma de votos y que serán la clave para la gobernabilidad una legislatura más. De la misma forma en que lo fueron la pasada y lo serán la próxima. Tanto en Madrid como en Barcelona.

Sin embargo, seremos incapaces de observar que el verdadero conflicto lingüístico, el que quiero creer que enriquece al escritor, le está permitiendo a un nutrido grupo de escritores crear puentes entre lenguas y culturas más allá de los colores políticos. Como el premiado Castellet.

Carlos Gámez.

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