LA RELIGIOSIDAD DE BARTOLOMÉ DE LAS CASAS

Publicado el 30 September 2014
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BartolomedelascasasEl capítulo 24 de la Apologética historia sumaria de fray Bartolomé de Las Casas en la edición de Victoria Abril (Alianza) se inicia con una perspectiva astrológica y médica. Pero esta perspectiva, a diferencia del caso de Ficino, no es únicamente astrológica: “El cuerpo […] está sucjeto no sólo a los movimientos de los cuerpos celestes” (384), sino que se relaciona con más elementos. Las Casas considera que todo está conectado, pero la perspectiva aristotélica tiene mucho más peso en su razonamiento que en el caso de los neoplatónicos, pues menciona a Ptolomeo y al conocimiento clásico (384) en un momento en que la filosofía natural está recorriendo otros derroteros. Pero como usa el razonamiento clásico para unir sus ideas, se encuentra con el mismo epistema que el que desarrollan los filósofos naturales del siglo XVI, que no es otro que el que señala Foucault en “The Order of the Things”. Por ejemplo, la importancia de la vecindad en las similitudes (389). Las Casas menciona de continuo a Alberto Magno y a Santo Tomás, por cuanto se encuentra en la tradición escolástica. Pero llegado un momento de su razonamiento, afirma: “Da otra razón Aristóteles en aquel problema” (387), porque sigue más la escolástica que al propio Aristóteles, cuya lógica utiliza pero cuyos argumentos puede desmontar en función de sus intereses. Es decir, seguirá la obra de Aristóteles que recuperó la escolástica más que al propio Aristóteles. Criticará los razonamientos aristotélicos en favor de la esclavitud para que no sean aplicados a los indígenas, aunque eso no le impedirá aseverar que aquellos pueblos que se salen del camino de la virtud merecen ser gobernados por otros mejores a partir de unas palabras del filósofo griego (390).

Esta última afirmación, que justificaría la conquista española, no es estorbo para leer la sincera admiración que algunos sacerdotes de cultos indígenas, que “eran en gran manera honestísimos y muy castos” (67), provoca en Las Casas, y que he extraído del capítulo XVIII (también cap. 138) de la edición de O’Gorman. Y es que pese a obtener la mayor parte de su información del tratado de Motolinía, Historia de los indios de la Nueva España, Las Casas no tiene una visión tan marcadamente demoníaca de los cultos de los mexicas. Tampoco es tan mileniaristas, entre otras cosas, porque Las Casas es dominico y no franciscano. En este sentido, en Motolinía se hace necesario ese discurso diferenciador en que lo anterior y pagano es demoníaco, mientras lo que viene tras la conquista es esperanzador y permite creer en la construcción de la utopía entre los indígenas. Por el contrario, Las Casas abunda en las similitudes con los sacerdotes cristianos, no solo por la honestidad, también por las ceremonias de toma de posesión de pontificado (68) y las prácticas de ayudo (69). Esta perspectiva, distinta, basada en la concepción de la religiosidad del hombre como un valor universal, es la que hace que Las Casas desarrolle con posterioridad una interpretación de los sacrificios humanos matizada, comparada siempre con actos del mismo tipo perpetrados por religiones paganas, algo que nunca realiza Motolonía, que considera los sacrificios humanos como algo demoníaco e incomparable a otras edades del hombre. Para Las Casas, en cambio, el error no está en la lógica del culto indígena, sino en el objeto de adoración, que considera equivocado, aunque esa idolatría que critica se haya manifestado a través del demonio. 

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