Los censores franquistas y su ominoso recuerdo
Publicado el 18 Abril 2010
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ULTIMAS TARDES CON TERESA
de MARSE, JUAN
Sin encomendarse ni a Dios ni al Diablo a Daniel Verdú -no escarmienta con lo que está ocurriendo a Garzón: la Falange permanece vigilante- se le ha ocurrido hurgar en los entresijos del franquismo, apartado de censura de las obras de los escritores de la época, que siguen siendo los de ésta y además muy reconocidos. De estos hemos seleccionado a dos, uno vivo y otro muerto a la joven edad de 104, a Juan Marsé y a Francisco Ayala, como muestra de la visión profética de aquellos lacayos del dictador: por cierto entre algunos censores había algunos ilustres, como Cela.
Aquella tropa, para Verdú, estaba formada por gente para la que los escritores eran “poetas malos, cursis y snobs. Escritores resentidos que leían y veían marranadas cuando salían al extranjero a puerquear con mujeres fáciles. Rojos. Pseudointelectuales. Esquizofrénicos que escupían alusiones vejatorias a la cruzada en la guerra de liberación.”
Y “Esta cara de la luna”, de Juan Marsé. Editorial: Seix Barral , en que “los personajes están perfilados con tanta precisión que parece como si el autor no precisara adoptar un punto de vista moral (o crítico) porque las conductas de unos y otros son suficientemente expresivas y se califican solas” la veía el censor:
“Los de siempre es domingo, boîtes, planes, clubs, meretrices, infidelidades, queja y crítica de todo. La novela tiene bastante bilis política. El autor parece ser de aquellos pseudointelectuales que cuando salen al extranjero leen y ven marranadas y puerquean con mujeres fáciles”.
A “Últimas tardes con Teresa” del mismo autor , con la cual se consolidó internacionalmente, ambientada en una Barcelona de ricos burgueses y clases marginadas, relata la amistad entre una joven universitaria, burguesa y falsamente rebelde, y un seductor ladrón de motos, que se hace pasar por obrero militante revolucionario, dice Marsé que le dijo el censor: “Me dijo que quitara algunas palabrejas y lo del ‘bigotillo con aire de alférez provisional’ de uno de los personajes. Eso lo dejé y, al final, salió”
Y de Francisco Ayala, de “Un gallo cantó, decía: “Es obsceno y ampara el adulterio”. Quedó tachado.”
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