SALAMINA, OTRA VEZ

Publicado el 16 October 2014
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soldados-de-salamina-1Ha pasado mucho tiempo desde la primera publicación de Soldados de Salamina, de Javier Cercas. Pero una relectura detallada de la novela abre nuevas vías a la interpretación del texto. Desde esta perspectiva, sugiero que la idea principal de la novela de Cercas es el hecho de que las personas normales siempre son ajenas a las decisiones de las élites gobernantes y, sin embargo, padecen las consecuencias de sus decisiones en sus propias carnes. Se trataría, por tanto, de una novela antielitista, en consonancia con el éxito de público que la acompañó.

Para demostrar mi afirmación, me apoyo en el fragmento de la segunda parte de la novela en que Sánchez Mazas es detenido en las calles de Madrid por milicianos afines a la República, y se salva gracias a la mediación de Indalecio Prieto, viejo amigo de Mazas y a la sazón flamante ministro de Marina y del Aire en el gobierno republicano de Largo Caballero. En concreto, cabe destacar el fragmento en donde se explica que: “Sánchez Mazas consigue hablar por teléfono con Prieto. Éste se interesa por su situación, le aconseja que busque refugio en la embajada de Chile, afectuosamente le desea buena suerte; luego, en nombre de su vieja amistad africana, ordena que lo pongan de inmediato en libertad”.

Aunque esta escena queda incluida en la segunda parte, en un pasaje donde el narrador afirma: “lo que a continuación consigno no es lo que realmente sucedió, sino lo que parece verosímil que sucediera; no ofrezco hechos probados, sino conjeturas razonables”, resulta chocante que uno de los líderes de la sublevación franquista corriera esta suerte frente a la que sufrieron otros elementos de los dos bandos que ocupaban una posición menos privilegiada en el escalafón político. En especial, si lo comparamos con la gracia que tuvieron que recibir los “amigos del bosque” para obtener su libertad de mano del propio Sánchez Mazas pese a haber sido ellos, soldados republicanos que habían desertado, quienes permitieron su supervivencia entre las montañas de El Collell. Esta tensión entre la suerte de las clases populares y la suerte de los dirigentes se hace aún más evidente en la persona de Miralles, que de brazo ejecutor se convierte en salvador sin reportarle ningún beneficio, más bien al contrario.

En este sentido toda la estructura y las estrategias narrativas de la novela se focalizan hacia esa idea. Así, la continua descalificación de la historia y de la memoria como testigos de veracidad, es lo que le permite a Cercas construir la historia de Miralles desde la ficción pero a un mismo nivel que la narración histórica. Ambas construcciones producen desconfianza en el lector. Pero la primera suele estar protagonizada por las grandes figuras, mientras que de la segunda, del soldado anónimo que nos encontramos ya en la portada del libro, solo puede hacer justicia la ficción. Por supuesto, el carácter subjetivo de la narración histórica obliga a trabajar con un narrador en primera persona por coherencia.

También a partir de mi hipótesis se justifica la rehabilitación de un escritor falangista como es Sánchez Mazas. Solo a partir de la rehabilitación de los perdedores de la historia de la literatura se puede rehabilitar a los perdedores de las historia con mayúsculas, personificados en Miralles, ambos procesos correr suertes paralelas en el libro. Paradójicamente, esas personas olvidadas son el puñado de soldados que van a salvar a la civilización occidental, tropo que se repite de forma transversal en el texto y que justifica el título. Así, la idea de recuperar esas personas olvidadas, sujetos pasivos de las decisiones de la historia por los que el narrador justifica su relato cuando afirma que “seguirían viviendo aunque llevaran muchos años muertos” (91), centralizan las intenciones del autor desde el título de la novela hasta su último párrafo.

ANATOMÍA DE LA POSTMEMORIA

Publicado el 9 October 2014
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anatomiaEl uso de la postmemoria en la narrativa, la narración histórica de un personaje que no vivió en primera persona los hechos sino que los recopila, es un recurso que se ha utilizado con éxito en los últimos tiempos para tratar de volver a iluminar momentos traumáticos de la historia de la humanidad. A la obra completa de W. G. Sebald, que se enfrenta al trauma del holocausto desde la perspectiva del hijo de los cómplices, se unió la perspectiva del observador del enfrentamiento fratricida que supuso la Guerra Civil Española. Sin embargo, este recurso apenas se había utilizado para analizar los conflictos y la historia que vivió la izquierda latinoamericana, entre otras cosas porque se trata de un movimiento muy muy refractario a la autocrítica que aún hoy se enfrenta a sus críticos de forma abierta. Sin embargo, pare ser la hora de retomar ciertos conflictos en los que estuvo inmersa la izquierda latinoamericana, entre otras cosas, para no reproducir errores y porque siempre es buena esa autocrítica que a veces brilla por su ausencia.

Dos son los libros que tratan de forma emblemática los conflictos de las revueltas de los estudiantes mexicanos que se extendieron por el país en 1968 y que acabarían en tragedia. Una es la La noche de Tlatelolco, de Elena Poniatowska, que lo hace desde el género testimonial. La otra es la obra del Roberto Bolaño, en especial las novelas Los detectives salvajes, que lo hace de forma tangencial, y Amuleto, que utiliza una perspectiva frontal. Aunque Bolaño era un maestro a la hora de utilizar los distintos géneros narrativos, se puede considerar que su manera un tema que vivió de cerca es el recuerdo melancólico de una oportunidad pasada que ya no está. A estos dos tratamientos acaba de unirse, y por la puerta grande, Anatomía de la memoria (Candaya 2014), la flamante primera novela de Eduardo Ruiz Sosa, lo hace precisamente desde la postmemoria, pues Salomón, el cronista de las historia, se ve impelido a recopilar la historia de Los Enfermos, un grupo revolucionario que en su momento pretendió plantar cara al gobierno mexicano.

 

LA RELIGIOSIDAD DE BARTOLOMÉ DE LAS CASAS

Publicado el 30 September 2014
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BartolomedelascasasEl capítulo 24 de la Apologética historia sumaria de fray Bartolomé de Las Casas en la edición de Victoria Abril (Alianza) se inicia con una perspectiva astrológica y médica. Pero esta perspectiva, a diferencia del caso de Ficino, no es únicamente astrológica: “El cuerpo […] está sucjeto no sólo a los movimientos de los cuerpos celestes” (384), sino que se relaciona con más elementos. Las Casas considera que todo está conectado, pero la perspectiva aristotélica tiene mucho más peso en su razonamiento que en el caso de los neoplatónicos, pues menciona a Ptolomeo y al conocimiento clásico (384) en un momento en que la filosofía natural está recorriendo otros derroteros. Pero como usa el razonamiento clásico para unir sus ideas, se encuentra con el mismo epistema que el que desarrollan los filósofos naturales del siglo XVI, que no es otro que el que señala Foucault en “The Order of the Things”. Por ejemplo, la importancia de la vecindad en las similitudes (389). Las Casas menciona de continuo a Alberto Magno y a Santo Tomás, por cuanto se encuentra en la tradición escolástica. Pero llegado un momento de su razonamiento, afirma: “Da otra razón Aristóteles en aquel problema” (387), porque sigue más la escolástica que al propio Aristóteles, cuya lógica utiliza pero cuyos argumentos puede desmontar en función de sus intereses. Es decir, seguirá la obra de Aristóteles que recuperó la escolástica más que al propio Aristóteles. Criticará los razonamientos aristotélicos en favor de la esclavitud para que no sean aplicados a los indígenas, aunque eso no le impedirá aseverar que aquellos pueblos que se salen del camino de la virtud merecen ser gobernados por otros mejores a partir de unas palabras del filósofo griego (390).

Esta última afirmación, que justificaría la conquista española, no es estorbo para leer la sincera admiración que algunos sacerdotes de cultos indígenas, que “eran en gran manera honestísimos y muy castos” (67), provoca en Las Casas, y que he extraído del capítulo XVIII (también cap. 138) de la edición de O’Gorman. Y es que pese a obtener la mayor parte de su información del tratado de Motolinía, Historia de los indios de la Nueva España, Las Casas no tiene una visión tan marcadamente demoníaca de los cultos de los mexicas. Tampoco es tan mileniaristas, entre otras cosas, porque Las Casas es dominico y no franciscano. En este sentido, en Motolinía se hace necesario ese discurso diferenciador en que lo anterior y pagano es demoníaco, mientras lo que viene tras la conquista es esperanzador y permite creer en la construcción de la utopía entre los indígenas. Por el contrario, Las Casas abunda en las similitudes con los sacerdotes cristianos, no solo por la honestidad, también por las ceremonias de toma de posesión de pontificado (68) y las prácticas de ayudo (69). Esta perspectiva, distinta, basada en la concepción de la religiosidad del hombre como un valor universal, es la que hace que Las Casas desarrolle con posterioridad una interpretación de los sacrificios humanos matizada, comparada siempre con actos del mismo tipo perpetrados por religiones paganas, algo que nunca realiza Motolonía, que considera los sacrificios humanos como algo demoníaco e incomparable a otras edades del hombre. Para Las Casas, en cambio, el error no está en la lógica del culto indígena, sino en el objeto de adoración, que considera equivocado, aunque esa idolatría que critica se haya manifestado a través del demonio. 

MAGIA CULTA Y NEOPLATONISMO

Publicado el 25 September 2014
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agrippaEnrique Cornelio Agrippa parte en De oculta philosophia de las mismas prerrogativas filosóficas de las que partiera Marsilio Ficino en De vita. Tal como hace explícito en el capítulo I del primer libro, él también mira el universo con una perspectiva platónica, dividido en tres mundos: el terrenal (“elementary”), habitado por los hombres; el celestial, habitado por Dios y los ángeles; y el intermedio o intelectual, habitado por las inteligencias, que operan al modo como los demonios operan en el mundo intelectual de Ficino con el espíritu, por cuanto podemos ver una analogía doble entre Agrippa y él, no solo en la estructura platónica del universo, también en la manera como el hombre interactúa con los poderes superiores, licitando la posibilidad de la magia. Ese paralelismo en la epistemología del universo se observa al inicio de ambas obras citadas, donde el primer motor de todos los efectos es de origen divino en ambos casos. Agrippa habla del “chief Worker” y del “Maker of the things” (3), Ficino de “Divine Mind” (243). En los dos libros, lo natural está conectado con lo cósmico de una forma oculta (Daston y Parker 161). Curiosamente, pese a pisar ambos ese terreno movedizo, en los dos casos pretenden quedar en buena relación con los poderes eclesiásticos. Ficino apelando a la aprobación de la Iglesia en el prólogo al lector (241), Agrippa en el primer capítulo de su libro (3).

Agrippa, además, inicia el capítulo XIII del Libro I de De occulta philosophia con una detallada secuencia de objetos y fenómenos de características mágicas (38), o cuando menos extrañas, que recuerda mucho al capítulo XV de Ficino en el tercer libro De vita (316-317). Pero mientras en Ficino el comportamiento extraordinario de los elementos citados se fundamenta en su relación con los astros superiores, apoyándose en los platonistas, en Plotino y en los astrólogos hebreos, muestra de su marcado neoplatonismo, en Agrippa encontramos una descripción de elementos mágicos que se enfrenta al saber clásico, que considera ilícito descubrir el conocimiento de las causas, apelando a que: “great power and human destinies are couched in the virtues of stones, and herbs. But to know from whence these come, a higher speculation is requiered” (38). Esa osadía, difícil de imaginar en Ficino, autoriza a Agrippa a dudar de algunos aspectos de las teorías de los más destacados autores precedentes, entre ellos a Platón, Hermes o Alberto Magno, algunos de los cuales ha citado previamente, en una clara ruptura con la filosofía natural tradicional (Daston y Parker 143). Entre otras cosas, porque las explicaciones que intentan para los fenómenos descritos al inicio del capítulo se basan en universales filosóficos y Agrippa le parecen incompletas o que no llevan al verdad (39). Él pretende un corpus teórico capaz de explicar la “wonderful virtue” (39) de las causas de los efectos de cada piedra, de cada hierba, de cada elemento mágico en el tono maravilloso del que hablan Daston y Parker. Lo hace desde un punto de vista ambicioso como el que tomaron los naturalistas del siglo XVI, que fundamentaron la denominada “Preternatural Philosophy” (Daston y Parker 137; 161), tratando de incluir los fenómenos maravillosos que la filosofía natural había obviado hasta entonces. Para ello se apoya en las concepciones místicas y el ocultismo de Ficino. Sin embargo, es tan temerario que se arroga la capacidad de descubrir los “divine oracles” (39), lo que le permitiría conocer el absoluto, en contra del libre albedrío que postula la Iglesia. Una osadía que Ficino se guarda mucho de acometer (Clark 219), y que muestra el carácter controvertido de su obra. 

FE EN LA CIENCIA EN LA ESPAÑA DE LOS NOVENTA

Publicado el 19 September 2014
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650_AL74151.jpgLa novela de Ray Loriga, Tokio ya no nos quiere, centrada en una continua persecución del olvido, al menos en su primera parte, contiene una lectura muy interesante, tanto del peso del la memoria histórica en la sociedad española, como del papel que está jugando la ciencia en esa sociedad en los últimos tiempos.

Resulta muy difícil hacer un análisis de los valores colectivos de una sociedad sin un alto grado de especulación. Una de las estrategias que pueden evitar esa especulación es la postulada por Bruno Latour en Reassembling the Social. En ese texto, en una conversación ficticia entre un alumno y un profesor especialista en la teoría Actor-Red, Latour afirma que la única forma de hacer una análisis conciso de este tipo de problemas sociológicos es la mera descripción (146). Y es a partir de ese recurso como se puede hacer una lectura muy significativa del uso de la ciencia en la novela de Loriga. Para empezar, con la fe que el protagonista tiene en la química durante la primera parte de la novela, y que contrapone a la memoria: “¿No es estúpida esa fe que la gente deposita en el pasado, como si el pasado fuera más cierto que el presente y el futuro?” (16)

En este sentido, el autor se alinearía con la segunda opción, la del presente y el futuro, pues Tokio ya no nos quiere es una novela posmoderna con muchos préstamos de la ciencia ficción y en donde la química aparece como uno de esos préstamos. En un futuro cercano, una serie de productos químicos permiten al narrador olvidar su pasado y sumergirse en un mundo caótico que acoge la desorientación de un hombre sin recuerdos en un entorno de no lugares en el sentido que les da Augé en Los no lugares. Espacios de anonimato: una antropología de la sobre modernidad. Ese recurso, propio de la prospección que domina el género CF, se acompaña de un mensaje positivo por parte del narrador: “Todo avanza. Es el signo de los tiempos” (84) o “La historia corre más despacio que la ciencia” (124), incluso cuando sus consecuencias no son tan positivas y tiene que se hospitalizado en una clínica de Berlín. Precisamente, ante las explicaciones del médico al narrador, este no puede más responder expresiones como: “Gracias. Ahora ya me siento mejor” (93), o: “Da gusto ver como ilumina con sus imágenes el pozo de mi desconcierto. Con qué respeto le miran todos”(128).

La imagen que en un principio el narrador tiene del doctor es muy positiva: “Qué bien vestidos van los médicos con sus elegantes trajes bajo las batas y qué expresión de tranquila esperanza. De fe”(95). Y es precisamente fe lo que se transmite en todo el texto. Una fe religiosa en la ciencia que se contrapone a la fe que los españoles tienen por la memoria: “¿Qué demonios mantiene a España clavada en la fe del pasado?” (134). Una fe que se entronca con la culpa con la religión, en definitiva, con los valores arcaicos. Es en este punto donde resulta útil el modelo descriptivo que propugna Latour. Con la mera descripción de la perspectiva del narrador se ha podido expresar un cambio de al menos una parte de la sociedad española respecto a la ciencia mediante un producto cultural (una novela), sino fuera así, el personaje del narrador parecería inverosímil, cosa que no sucede. Resulta más difícil extrapolarlo a un valor social generalizado o absoluto, pues el propio autor se distancia del narrador—no fiable, por cierto—al darle un tono irónico a ese papel de la ciencia: los científicos no tratan de curar al narrador, sino que tratan de saber si ingirió unos productos químicos que la compañía considera muy valiosos. En realidad la ciencia trabaja para la corporación, una visión ciberpunk que conlleva un cambio en el tono del narrador, que se vuelve más desconfiado e irónico conforme aumentan las invasiones de su intimidad mental: “Hemos avanzado mucho, sin duda, pero no hemos llegado muy lejos” (127), y que se acentúa en el desenlace final con el desencuentro con el doctor Krumper.

TEXTO LÚGUBRE

Publicado el 13 September 2014
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NochesLugubresNo hay otra denominación para calificar Noches lúgubres, el híbrido inacabado entre el teatro y la narración que pergeñó José Cadalso, que según el famosos hispanista ya fallecido, Russell P. Sebold, inaugura el romanticismo, no solo en España sino también en Europa (ir por tanto, en el mundo).

Esta afirmación, que se me antoja excesiva y nacida en un contexto, el académico, que requiere de argumentos polémicos para su subsistencia, no deja de tener mucho de cierto aunque de forma matizada, como suele suceder. Para empezar, porque se trata de un texto con notables elementos de lo que será el futuro renacimiento: el léxico siniestro utilizado, la enfatización del individuo, el desprecio de las razones materiales. Pero lo más interesante del caso es que se escribe antes incluso de la Revolución Francesa . Se fecha su redacción en 1775 y su publicación coincidió con la revuelta francesa.

Por tanto, el texto va a tener también mucho de una Ilustración que aún no se ha acabado de implantar, en especial porque Cadalso residió durante muchos años en el extranjero y estuvo mucho más influido por los movimientos culturales de otros países de Europa que muchos de sus contemporáneos españoles.

Pero quizá lo más interesante no esté en la datación o en la clasificación del texto. Lo más interesante de estos productos culturales híbridos es la posibilidad de observar a través de sus grietas. En este caso, la relación de Tediato, el protagonista, de origen noble, y Lorenzo, el enterrador, de extracción humilde, muestra a las claras lo idealista y elitista del proyecto romántico y su incapacidad de penetrar en las clases populares. Toda una relectura.

DE LA VIDA Y LOS ASTROS

Publicado el 5 September 2014
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ficinoLa línea que divide la denominada magia culta, que practica Marsilio Ficino, de una magia simbólica y absoluta se observa de forma destacada en el capítulo XV del tercer volumen de De vita. Este sincretismo emerge al tratar Ficino a los objetos de naturaleza inferior, y preguntarse si pueden tener algún tipo de naturaleza celestial. Ficino concluye que no lo cree, y lo hace desde las prerrogativas del neoplatonismo, pues los poderes celestiales son superiores a los terrestres: “if you concede that God has engrafted wonderful powers in things beneath the Moon, concede more wonderful ones to the celestial things” (321). Desde esta perspectiva, refuta los poderes de ciertas imágenes que algunos magos y astrólogos consideran maravillosas, y solo concede ese poder a los ungüentos y medicinas que se elaboran bajo el signo de los astros. En este aspecto, su neoplatonismo cuestionaría el peso de la interpretación de los signos que propone Foucault para el epistema del siglo XVI (Las palabras y las cosas, 33), aunque es cierto que eso se debe en parte a que Ficino está huyendo de la Inquisición, que condena a aquel que pretenda comunicarse con los astros o los demonios por escrito según dictara Santo Tomás

Sin embargo, cabe decir que las operaciones que imprimen de poderes celestiales a ciertas medicinas pertenecen al epistema de la modernidad temprana. Concretamente, a la convenientia que postula Foucault (18), pues todo el proceso de elaboración de sustancias: “can be done by a certain art of collecting together rightly and at the right time many things in one” (Ficino 320). La imitación también está presente en la selección de las piedras preciosas que presenta al principio del capítulo, aparejadas todas con astros. De hecho, todo el capítulo es un compendio de cómo a partir de esas analogías y de una serie de relaciones de simpatía—como la que tienen los metales ante los imanes—, esos objetos acaban obteniendo de los astros un ascendente que les permite ser objetos curativos, a medio camino de las prácticas médicas y de las prácticas astrológicas (320). Es precisamente esta mezcla de prácticas, tomadas como una suma de saberes en el sentido que le da Foucault (30), la que caracteriza el pensamiento de Ficino y lo aleja de ciertas magias puramente simbólicas basadas en imágenes, que él pretende combatir con sus conocimientos médicos. Se trata de una magia sustentada en conocimientos científicos y astrológicos que la dotan de una cierta pátina culta.

YO, FIASCO

Publicado el 29 August 2014
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yo robot asimovEs así como se podría retitular la famosa novela de Isaac Asimov, Yo, robot. No encuentro otra manera de describir un libro maestro para buena parte del friquismo que puebla los lectores de ciencia ficción, que llegó a llevarlo a los altares en su momento. Lo siento mucho, yo no opino igual.

Puedo cambiar de opinión, siempre y cuando alguien me explique qué tiene de ciencia ficción un texto en donde en la primera página se detallan las reglas morales que deben regir en la fabricación de robots, y estas leyes condicionan todas las narraciones de igual forma que las novelas de Agatha Christie quedan condicionadas por el hecho de que al final del relato, una serie de pistas lógicas deben conducir al lector hasta el asesino. Algo parecido ocurre con los problemas técnicos que los protagonistas de las narraciones de Asimov se van encontrando. Apenas aparecen dos de los elementos fundamentales de la ciencia ficción: 1) su naturaleza profética; 2) su carácter filosófico. Por no hablar del hecho de que lo interesante en una temática como la de los robots, es el replanteamiento de los límites de la ética, la humanización de los robots, el carácter prometeico de su construcción, los límites de la sociedad.

En definitiva, un fiasco para un libro con tanta fama que a este lector le ha decepcionado profundamente. Y ya no entro en los notables problemas estilísticos que se encuentran en su lectura, que hacen que el lector introduzca elementos fundamentales para la narración en el momento menos adecuado. Esos detalles que hacían que muchos escritores de ciencia ficción despreciaran en el estilo y recíprocamente fueran denostados por una parte de los críticos.

DE LA HOSPITALIDAD Y LA INMIGRACIÓN

Publicado el 22 August 2014
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hospitaliteTrata el libro diálogo de Jacques Derrida con y Anne Dufourmantelle, De l’Hospitalité, que se estructura de una manera dual a partir de unas conferencias de Derrida en torno a la hospitalidad en las sociedades contemporáneas y su transformación debido a los problemas derivados de la inmigración, y el comentario escrito de Dufourmantelle tras la experiencia de esas conferencias. Así cada página pertenece a uno. La de la izquierda para Dufourmantelle, la de la derecha para Derrida.

Si he de serles sincero, no soy muy fanático de Derrida. Se me hace pesado, angosto y, debido a las dificultades que encuentro en mi vertiente narrativa, siempre me pregunto si no tendría el filósofo francés una forma más económica de contar las cosas. Pero este texto tiene cosas interesantes, como el hecho de ir ha los orígenes de la inmigración a partir de dos elementos clave de la cultura clásica: los sofistas y las palabras de Sócrates y Platón al respecto; y la tragedia de Edipo, un extranjero que no es tal, que mata al rey, su padre, y acaba convirtiéndose él mismo en rey. Miedos disfrazados de diálogos y tragedias que se repiten en nuestros días en las sociedades desarrolladas.

En mi opinión, Derrida acierta al percibir que se ha operado un cambio en torno al concepto de hospitalidad con los cambios operados en la sociedad a partir de las nuevas tecnologías y la inmigración laboral. Sin embargo, si uno va al mensaje principal del libro, se le antoja en exceso idealizado. La idea de que la hospitalidad debe ser incondicional pese a existir el riesgo de una no devolución, de una agresión como la de Edipo, es muestra de un autor que también se siente inmigrante (nacido en Argelia de origen judío, educado en Francia). Pero precisamente, con esos orígenes me parece descabellado que pretenda tener más en común con un emigrado palestino que con un francés. El emigrado palestino no ha tenido nunca las oportunidades que tuvo Derrida.

LA PRIMERA DE ROBOTS

Publicado el 14 August 2014
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RURLa primera obra literaria en la que aparecen los robots con su acepción actual es la obra de teatro escrita por Karel Capek en 1920, titulada: R.U.R. (Robots Universales Rossum). La palabra robot aparece en el texto como una variante de la palabra robota, que en checo significa trabajo. Y es para el trabajo para lo que un grupo de científico e ingenieros empiezan a construir robots en una alejada isla del Caribe que en parte recuerda a La isla del doctor Moureau de H. G. Wells, porque los robots que se fabrican son de tipo biológico y no mecánico, como ha ocurrido con obras posteriores

De hecho, se trata de una clara distopía tecnológica muy propia del período de entreguerras, en donde se ha perdido la confianza en la ciencia y la tecnología que imperaba en Europa antes de la Primera Guerra Mundial. En este sentido, el texto es muy filosófico, con un análisis muy sucinto de la explotación humana, y de las imperfecciones de la sociedad europea que acaban convirtiendo una buena idea en algo maléfico. La obra finaliza convirtiendo al último superviviente de la especie humana en un dios creador de una nueva forma de vida.

Sin embargo, el texto es también víctima de su época. Aunque alude a un posible nuevo orden, temática muy propia de las vanguardias de entreguerras, reserva un papel muy estereotipado a la una protagonista femenina de peso: Elena. Y entre líneas de sus escenas se puede percibir una crítica al por entonces recién surgido comunismo y sus revueltas populares.

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