“R. L. Stevenson en mi isla interior”

Publicado el 11 April 2010
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Siempre me ha gustado Stevenson, ese escocés de Edimburgo, nacido en 1850, cuya vida no fue fácil y que ante la pasividad de su cuerpo, delicado, decidió darle guerra emprendiendo hazañas en países lejanos.  Se trasladó, ya muy enfermo, hasta el Pacífico y allí acabó sus últimos días. Antes había encontrado el amor en una americana divorciada, mucho mayor que él y con hijos, que según relatan algunos fueron la inspiración para sus libros más célebres. Murió en Samoa, arropado por los nativos de la región que embelesados con su prosa y cautivados por el amor compartido por sus islas, le llamaron con dulzura Tusitala, es decir, el que cuenta historias. He saboreado ahora, igual que hice de niña junto a suculentas meriendas infantiles, la isla del tesoro, El club de los suicidas, Los mares del sur o La flecha negra. Stevenson me hizo soñar con lugares exóticos. Con él habité una cabaña perdida entre exuberante vegetación al otro extremo del mundo. Pude viajar lejos, sin tener que desplazarme, desde agrestes y fríos páramos ingleses en niebla permanente -muy al norte- hasta sensuales y cálidas regiones del sur. Allí las islas parecían cuajadas de perlas y corales, el turquesa se confundía con el verde y la Naturaleza estaba en estado puro. Cada vez que releo sus libros, cierro los ojos un momento y retorno a las tardes apacibles y tranquilas de mi infancia, recorro el lugar donde guardaba mis tesoros, que no tenía más remedio que esconder, temerosa y de puntillas, para evitar que los piratas me los arrebataran en sueños, que aclaro: nunca fueron con sus personajes… pesadillas. A veces reflexiono y me pregunto ¿por qué ya no se buscan tesoros en las islas? quizás ya no se oculta nada, todo se nos ha dado, todo está a nuestro alcance, todo es tangible, fácil de conseguir, muy inmediato, no planteamos retos, no hay mapas que seguir, no hay acertijos, tampoco hay entresijos, todo queremos obtenerlo lo antes posible, tiene que ser factible y hasta ¡exigimos! que nada, nada, nos pueda resultar…inaccesible. Las islas de ahora no son, como en los libros de Stevenson, lugares de pasión, núcleos de sueños, apenas hay tesoros, casi no hay aventuras, casi ni anhelos, aunque pensándolo mejor, sí, sí, resisten todavía -con desvelos- algunos trotamundos muy viajeros y pocos, muy pocos y olvidados…bucaneros.

Fátima H.

Comentarios

Una respuesta para ““R. L. Stevenson en mi isla interior””

  1. Elena on April 12th, 2010 14:32

    Muy interesante Post.

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