SALAMINA, OTRA VEZ

Publicado el 16 October 2014
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soldados-de-salamina-1Ha pasado mucho tiempo desde la primera publicación de Soldados de Salamina, de Javier Cercas. Pero una relectura detallada de la novela abre nuevas vías a la interpretación del texto. Desde esta perspectiva, sugiero que la idea principal de la novela de Cercas es el hecho de que las personas normales siempre son ajenas a las decisiones de las élites gobernantes y, sin embargo, padecen las consecuencias de sus decisiones en sus propias carnes. Se trataría, por tanto, de una novela antielitista, en consonancia con el éxito de público que la acompañó.

Para demostrar mi afirmación, me apoyo en el fragmento de la segunda parte de la novela en que Sánchez Mazas es detenido en las calles de Madrid por milicianos afines a la República, y se salva gracias a la mediación de Indalecio Prieto, viejo amigo de Mazas y a la sazón flamante ministro de Marina y del Aire en el gobierno republicano de Largo Caballero. En concreto, cabe destacar el fragmento en donde se explica que: “Sánchez Mazas consigue hablar por teléfono con Prieto. Éste se interesa por su situación, le aconseja que busque refugio en la embajada de Chile, afectuosamente le desea buena suerte; luego, en nombre de su vieja amistad africana, ordena que lo pongan de inmediato en libertad”.

Aunque esta escena queda incluida en la segunda parte, en un pasaje donde el narrador afirma: “lo que a continuación consigno no es lo que realmente sucedió, sino lo que parece verosímil que sucediera; no ofrezco hechos probados, sino conjeturas razonables”, resulta chocante que uno de los líderes de la sublevación franquista corriera esta suerte frente a la que sufrieron otros elementos de los dos bandos que ocupaban una posición menos privilegiada en el escalafón político. En especial, si lo comparamos con la gracia que tuvieron que recibir los “amigos del bosque” para obtener su libertad de mano del propio Sánchez Mazas pese a haber sido ellos, soldados republicanos que habían desertado, quienes permitieron su supervivencia entre las montañas de El Collell. Esta tensión entre la suerte de las clases populares y la suerte de los dirigentes se hace aún más evidente en la persona de Miralles, que de brazo ejecutor se convierte en salvador sin reportarle ningún beneficio, más bien al contrario.

En este sentido toda la estructura y las estrategias narrativas de la novela se focalizan hacia esa idea. Así, la continua descalificación de la historia y de la memoria como testigos de veracidad, es lo que le permite a Cercas construir la historia de Miralles desde la ficción pero a un mismo nivel que la narración histórica. Ambas construcciones producen desconfianza en el lector. Pero la primera suele estar protagonizada por las grandes figuras, mientras que de la segunda, del soldado anónimo que nos encontramos ya en la portada del libro, solo puede hacer justicia la ficción. Por supuesto, el carácter subjetivo de la narración histórica obliga a trabajar con un narrador en primera persona por coherencia.

También a partir de mi hipótesis se justifica la rehabilitación de un escritor falangista como es Sánchez Mazas. Solo a partir de la rehabilitación de los perdedores de la historia de la literatura se puede rehabilitar a los perdedores de las historia con mayúsculas, personificados en Miralles, ambos procesos correr suertes paralelas en el libro. Paradójicamente, esas personas olvidadas son el puñado de soldados que van a salvar a la civilización occidental, tropo que se repite de forma transversal en el texto y que justifica el título. Así, la idea de recuperar esas personas olvidadas, sujetos pasivos de las decisiones de la historia por los que el narrador justifica su relato cuando afirma que “seguirían viviendo aunque llevaran muchos años muertos” (91), centralizan las intenciones del autor desde el título de la novela hasta su último párrafo.

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