TORMENTA DE MIERDA

Publicado el 2 August 2014
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nocturnoEs el título que Roberto Bolaño deseó para la novela que acabaría llamándose Nocturno de Chile, por mediación de Jorge Herralde y el escritor Juan Villoro. Y en buena parte, esta novela río que se escuda en un título eufémico, metáfora de una composición musical basada en una estructura libre, es eso: una descripción metafórica de la tormenta de mierda que asoló los ambientes intelectuales chilenos en la década de 1970.

La novela corta, que recuerda mucho a Mientras agonizo, de William Faulkner, por ese monólogo interior del moribundo, narra a partir de cuatro pasajes principales de su vida, el testimonio en el lecho de muerte del sacerdote del Opus Dei Sebastián Urrutia Lacroix, que bajo el seudónimo del ficticio crítico literario H. Ibacache llega a adquirir en la novela, según sus propias palabras, cierto reconocimiento en los círculos intelectuales chilenos de la época de la dictadura.

Pero en realidad, y a través de referencias a Neruda, al ficticio crítico Farewell, al uso de halcones para limpiar los templos religiosos de palomas y, muy especialmente, a las reuniones en la casa de la escritora María Canales, en cuyos bajos descubre el lector que descubrió Urrutia Lacroix que se realizaban torturas a los opositores del régimen pinochetista, lo que se narra es precisamente la decadencia moral de un grupo de intelectuales que se posicionaron sin miramientos al lado de un régimen que torturó sin piedad a un número aún indeterminado de chilenos. Y aunque uno de los aciertos del libro es el distanciamiento ideológico con aquellos escritores a los que Bolaño defiende en sus páginas, el resultado de todo aquello no deja de ser, sin eufemismos, una tormenta de mierda.

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