Tres anotaciones a la figura de Miguel Hernández en su centenario

Publicado el 7 March 2010
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En el año del centenario de su nacimiento-Tributo a Miguel Hernández – se multiplican los homenajes a su figura. De entre todos hemos seleccionado una visión del poeta por otro poeta, Luis García Montero, la  de un novelista puro, Muñoz Molina, que analiza la soledad del poeta-pastor de cabras- en Madrid, y la indisimulada desvergüenza de Guerrero Zamora.

Así Luis García Montero opina que “hay que defender la altísima calidad y la originalidad de sus dos obras maestras: El rayo que no cesa y Cancionero y Romancero de ausencias. Miguel Hernández escribió mejor en la culpa y la necesidad que en el himno y la certeza. El desvalimiento sexual y la miseria afectiva consolidan la maestría formal de su carnívoro cuchillo y de su rayo amoroso. Y la culpa que siente por su comportamiento con Ramón Sijé le permite escribir una elegía de dolor desmesurado, pero íntimo. Después de militar con Sijé en el nacionalcatolicismo y de escribir poemas y obras de teatro pidiendo que los campesinos obedezcan a Dios y a los caciques, Hernández descubre que el mundo intelectual madrileño mira hacia otra dirección y cambia de opinión y de ambiciones. Al morir Sijé se siente un traidor y escribe un poema que conmueve. Pocas veces las exageraciones retóricas alcanzan una cota de sinceridad íntima”

Antonio Muñoz Molina sin embargo analiza el aislamiento que sufrió en Madrid, con la excepción de Vicente Aleixandre y el abierto rechazo de Rafael Alberti que le atribuyen, nada eufemísticamente, “un olor poco  adecuado para las cercanías sociales. Incluso el exquisito Lorca no dudó en una ocasión en decirle a Aleixandre cuando se enteró de que Hernández estaba en su casa a la que se dirigía: “Échalo” . Consciente de su soledad decía Miguel: “Ya vosotros sabéis / lo solo que yo voy, por qué voy yo tan solo. / Andando voy, tan solos yo y mi sombra”

Alfonso Valencia


Pero el que clama al cielo es Guerrero Zamora que, al decir de Eutimio Martín, “ es el prototipo de indecencia intelectual  por afirmar que “el poeta no fue franquista por ignorancia, ya que no vio “en los ideales de Franco esos mismos ideales de amor, de respeto, en suma: de justicia social que él tenía”. No podía ser por menos, puesto que Hernández “es un hombre radicalmente religioso y –por español radicalmente cristiano”. En cuanto a su condena a muerte, remacha el clavo: “Fue por exacta justicia por lo que se penó su actuación  y como se penó”. Seria injusto no votar por la inclusión de Juan Guerrero Zamora en el Guinness de la indecencia intelectual”

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