ROUSSEAU Y EL NATURALISMO BRASILEÑO

Publicado el 29 January 2014
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Qué ocurriría si Jean-Jacques Rousseau tuviera una máquina del tiempo, decidiera viajar al Brasil y leyera allí el clásico del naturalismo brasileño, Los sertones, obra de Euclides da Cunha. Es mucho suponer, pero yo pienso que escribiría esta reseña del libro:

 

sertones2Resulta evidente que la pluma de Euclides da Cunha al empezar a escribir Los sertones está contaminada por la civilización, las intrigas y las convenciones sociales y sus leyes, en las que vivió inmerso durante décadas y que conducen a la decrepitud de la especie. Esto se advierte en la continua competencia entre militares en el transcurso de la campaña, que lleva a cometer numerosos errores y tropelías, que siempre se pagan con vidas humanas. En cambio, al finalizar el libro, el autor queda subyugado por el canto a la libertad entonado por los sertanejos en su resistencia frente al enemigo, a los que califica de “rudos patricios indomables” (363) y molde de la nacionalidad brasileña. Es esta una comunidad que por momentos recuerda el estado natural del hombre ya que, tal como afirma da Cunha en todo el libro, el rigor del medio físico los había dotado de un temperamento robusto, además de tratarse de descendientes de salvajes americanos, acostumbrados a vivir en ese estado, aunque el autor discrepe en este punto con sus teorías sobre las razas. Sin embargo, el hecho de que muchos de los hombres que defendieron Canudos provenían de un sistema organizado a partir de amos y señores como era el Imperio, les hizo abrazar una comunidad regida por un cacique, Antonio Conselheiro. Ya se sabe que quien ha vivido con amos no puede después vivir sin ellos.

La transformación que se produce en el interior de da Cunha lo hace al observar este el carácter aguerrido de los sitiados y los abusos de las fuerzas militares para con ellos. La fuerza no hace el derecho y la guerra de los sertones es un ejemplo. “Canudos no se rindió”, como afirma el propio autor en la página 381. Sin embargo, sus sitiadores no tenían intención de respetar su derecho a la vida si así lo hubieran hecho. Ellos perseguían la pura venganza. Esa mancha del ejército emborrona las buenas intenciones de la República Brasileña de construir un estado sin sociedades parciales como la que se pretendía levantar en Canudos. Solo a partir de las “civilizadas” leyes del estado de derecho se puede entender que unos sertanejos acaben degollando y matando a otros sertanejos en una auténtica carnicería. Ya se sabe que las repúblicas jóvenes, por su inseguridad, organizan estados que a veces no están preparados para la libertad, en especial si provienen del régimen autoritario anteriormente mencionado. Los brasileños pretendieron un grado de civilización del que aún carecían y eso tuvo consecuencias trágicas en Canudos. Además, como he afirmado varias veces, en el supuesto estado de derecho que se implanta con el advenimiento de una república, se esconden muchas veces los intereses de los más poderosos por seguir manteniendo una situación privilegiada. Cuando el hombre se aparta del estado natural siempre da lugar a la injusticia. Canudos es un ejemplo más, del que fue testigo Euclides da Cunha hasta el punto de cambiar sus concepciones iniciales. Es más, si tuviera poderes para predecir las teorías de los pensadores que me precederán, diría que da Cunha empieza el libro cerca de Compte y lo acaba más cerca de Darwin que de Compte, tal como afirmará Frederic Amory en una artículo publicado a finales del siglo XX.

 

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